Hay una frase que se repite mucho en consulta: «si ya pasó, no entiendo por qué sigo así». Alguien tuvo un accidente hace dos años y todavía se le dispara el pulso al oír un frenazo. Alguien pasó por una agresión y evita una calle entera para no acercarse. Alguien recuerda un parto complicado y, al contarlo, se le corta la respiración como si estuviera allí.
Eso no es falta de voluntad ni exceso de sensibilidad. Es cómo funciona la memoria cuando un suceso desborda la capacidad de procesarlo en el momento. El estrés postraumático tiene un cuadro bastante reconocible y, sobre todo, tiene tratamientos que funcionan. En este artículo explicamos qué es, cómo distinguirlo de una reacción normal, qué se hace con él y cuándo no conviene esperar más.
Qué es el estrés postraumático
El trastorno de estrés postraumático es una respuesta que se queda encendida después de haber vivido, presenciado o conocido de cerca un suceso que supuso una amenaza seria para la vida o la integridad, propia o de alguien importante. Lo característico no es haber pasado por ello, sino que, pasado el tiempo, el sistema siga funcionando como si el peligro continuara.
Para hablar de trastorno, los síntomas tienen que mantenerse más de un mes y afectar a la vida diaria. Antes de ese plazo, lo esperable es una reacción intensa que en muchas personas se va ordenando sola; a eso se le llama estrés agudo, y no todo el mundo que lo tiene acaba desarrollando un cuadro postraumático. De hecho, la mayoría no lo desarrolla.
Qué puede causarlo
La imagen clásica es la del soldado que vuelve de la guerra, y esa imagen ha hecho daño: mucha gente no se reconoce en el diagnóstico porque lo suyo «no fue para tanto». Estas son situaciones que lo producen con frecuencia:
- Accidentes de tráfico, laborales o domésticos, también siendo testigo.
- Agresiones físicas o sexuales, atracos, acoso sostenido.
- Violencia dentro de casa, vivida o presenciada en la infancia.
- Diagnósticos graves, ingresos en UCI o intervenciones vividas con sensación de peligro.
- Partos traumáticos y pérdidas gestacionales.
- Muertes repentinas de personas cercanas, especialmente si uno estuvo presente.
- Catástrofes naturales, incendios, inundaciones.
- Exposición profesional repetida: personal sanitario, bomberos, policía, emergencias.
No todo el mundo que pasa por algo así desarrolla el trastorno, y eso también conviene decirlo. Influyen lo que ocurrió, lo que vino después y, mucho, el apoyo que hubo alrededor en las semanas siguientes.
Los cuatro grupos de síntomas
Revivirlo sin querer
Recuerdos que irrumpen solos, imágenes repentinas, pesadillas, o momentos en los que uno siente que está volviendo a ocurrir. Un olor, un ruido o una luz bastan para disparar todo el paquete, y el cuerpo reacciona como si fuera ahora.
Evitar
No hablar del tema, no pasar por el sitio, no ver ciertas noticias, no quedarse solo, no dormir con la luz apagada. La evitación alivia en el momento y es, a la vez, lo que mantiene el problema: al no acercarse nunca, el recuerdo no llega a procesarse.
Cambios en el ánimo y en la forma de pensar
Culpa («tenía que haber hecho algo»), vergüenza, sensación de estar roto o de que el mundo es un sitio peligroso, pérdida de interés, dificultad para sentir cosas buenas, distancia con la gente de siempre. A veces hay lagunas: partes de lo ocurrido que no se recuerdan.
Estar en alerta todo el rato
Sobresaltos, vigilar las salidas, dormir mal, irritabilidad o enfados desproporcionados, dificultad para concentrarse, sensación constante de que algo va a pasar.
Cuando se juntan los cuatro grupos durante más de un mes y el día a día se resiente, merece la pena una valoración. También cuenta si los síntomas aparecieron meses después: hay cuadros de inicio tardío, sobre todo cuando lo ocurrido se mantuvo en silencio.
Trauma complejo: cuando no fue una sola vez
Hay una variante que no encaja del todo en la descripción clásica y que vemos mucho: la de quien no sufrió un suceso puntual, sino algo repetido y prolongado de lo que no podía escapar. Maltrato en la infancia, negligencia, crecer en una casa impredecible, una relación de pareja con violencia que duró años.
Además de los síntomas habituales, ahí suele haber dificultad para regular las emociones, una imagen muy dañada de uno mismo y problemas persistentes en las relaciones. El tratamiento es más largo y empieza siempre por la estabilización, no por el recuerdo.
Así abordamos el trauma y las heridas tempranas en el centro. Ver trauma y apego
Por qué no basta con pasar página
Un recuerdo normal se puede contar: tiene principio, orden y final, y uno sabe que pertenece al pasado. Un recuerdo traumático se guardó de otra manera, en fragmentos sensoriales y con la carga emocional intacta, y por eso cuando aparece no se siente como un recuerdo, sino como una vuelta a aquello.
Por eso los consejos habituales no sirven: no pensar en ello es justo lo que impide que se ordene, y el tiempo por sí solo tampoco ordena nada mientras se siga evitando. Lo que hace el tratamiento es permitir acercarse de forma controlada, en dosis que el sistema pueda digerir, hasta que ese material pasa a archivarse como lo que es, algo que ocurrió y terminó.
Qué está pasando por dentro
Sin entrar en tecnicismos: en una situación de peligro se activa a tope la parte del cerebro que detecta amenazas y se apaga en parte la que pone contexto y ordena el recuerdo en el tiempo. Eso explica dos cosas que desconciertan mucho, por qué el recuerdo queda desordenado y en fragmentos, y por qué el cuerpo reacciona antes de que a uno le dé tiempo a pensar.
También explica por qué razonar no basta. Se puede saber perfectamente que el coche de al lado no va a chocar y, aun así, dar un salto en el asiento. La alarma va por delante del razonamiento, y lo que se trabaja en terapia es precisamente esa alarma, no la lógica, que suele estar intacta.
Qué tratamientos funcionan
Es una de las áreas de la psicología con más investigación detrás, y las guías clínicas coinciden bastante en lo principal.
- Terapia cognitivo conductual centrada en el trauma: trabaja el relato de lo ocurrido, las creencias que dejó y la evitación, por pasos y con un ritmo acordado.
- EMDR: reprocesa el recuerdo con estimulación bilateral y está recomendado por la Organización Mundial de la Salud para el estrés postraumático.
- Exposición prolongada: acercarse de forma gradual y planificada a lo que se evita, en imaginación y en la vida real.
- Somatic Experiencing y otros enfoques corporales, que trabajan la activación que quedó en el cuerpo. Se usan dentro del tratamiento, con menos investigación acumulada que los anteriores.
- Medicación: puede ayudar cuando hay depresión asociada, insomnio grave o una activación tan alta que impide empezar. La valora el médico y no sustituye a la psicoterapia.
Sobre los plazos: en un trauma único, con una persona estable por lo demás, un proceso de entre doce y veinte sesiones es un marco razonable. En trauma complejo hay que contar con más tiempo y con una primera fase dedicada solo a construir seguridad y recursos.
Aquí explicamos en qué consiste el EMDR y cómo es una sesión. Leer sobre EMDR
Qué puedes hacer mientras tanto
- Proteger el sueño todo lo posible: es lo que más empeora el resto de los síntomas.
- Mantener rutinas y contacto con gente, aunque no apetezca nada.
- Vigilar el alcohol y otros consumos: calman esta noche y empeoran la semana siguiente.
- Ejercicio suave y regular, que ayuda a bajar el nivel de activación de base.
- Evitar exponerse una y otra vez a imágenes o noticias del mismo tipo de suceso.
- No forzarse a contarlo entero a todo el mundo. Una o dos personas de confianza bastan.
Y una cosa que parece menor y no lo es: no compares tu reacción con la de otras personas que pasaron por lo mismo. La respuesta al trauma depende de muchas cosas, y ninguna de ellas es la fortaleza de carácter.
Cuándo no conviene esperar
Hay situaciones en las que la consulta no debería posponerse: ideas de hacerse daño o de no querer seguir, consumo que se ha disparado para poder dormir o funcionar, imposibilidad de ir a trabajar o de salir de casa, o episodios en los que uno pierde el contacto con el presente. Si hay riesgo inmediato, urgencias o 112; para hablar de ideas de suicidio existe la línea 024, gratuita y disponible a cualquier hora.
Preguntas que nos hacen
¿Tengo que contarlo todo con detalle?
No de entrada, y nunca de golpe. Se avanza por pasos acordados, y hay enfoques, como EMDR o el trabajo corporal, en los que no hace falta narrarlo entero. Lo que sí es necesario, antes o después, es dejar de evitarlo del todo: ahí está la mejoría.
¿Y si no recuerdo bien lo que pasó?
Es muy habitual y no impide el tratamiento. Las lagunas forman parte del cuadro. Se trabaja con lo que hay: sensaciones, imágenes sueltas, lo que se sabe por otros. En terapia no se trata de reconstruir un atestado, sino de que eso deje de doler.
¿Se cura del todo?
La mayoría de las personas mejora mucho y buena parte deja de cumplir criterios de trastorno. Eso no significa olvidar: significa poder recordar sin que el cuerpo se dispare, y que en fechas señaladas haya días peores sin que eso tire por tierra lo conseguido.
¿Se puede hacer por videollamada?
Sí. El tratamiento del trauma, incluido el EMDR, se puede hacer online con buenos resultados siempre que haya un sitio tranquilo y privado. Si la activación es muy alta al principio, a veces proponemos empezar presencial y pasar a online más adelante.
El objetivo del tratamiento no es olvidar lo que pasó. Es que recordarlo deje de doler como si estuviera pasando.
Si algo que viviste sigue mandando en tu día a día, escríbenos y lo valoramos contigo, sin compromiso.
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