«¿Por qué me comporto así si sé que no es útil? ¿Por qué no me siento como me gustaría si no me ha pasado nada? ¿Por qué no hago lo que me propongo si yo sé lo que tengo que hacer?» Son tres preguntas que escuchamos casi todas las semanas, y las tres apuntan al mismo sitio.
Nuestras experiencias tempranas de relación con las figuras importantes de la infancia marcan y dirigen comportamientos que se repiten en nuestras relaciones adultas, aunque nos generen malestar emocional. No se trata de buscar culpables ni de quedarse en el pasado: se trata de entender el mapa para poder moverse por él con más libertad.
Trauma con mayúscula y trauma cotidiano
Hablamos de trauma no solo ante acontecimientos evidentes —un accidente, una agresión, una pérdida repentina—, sino también ante situaciones sostenidas en el tiempo que dejaron huella: no sentirse visto, tener que hacerse cargo demasiado pronto, crecer en un entorno impredecible, vivir con una exigencia constante. Ese segundo tipo suele pasar desapercibido precisamente porque «no pasó nada».
Cómo lo abordamos
- Estabilización primero: recursos para regular la activación antes de tocar el material sensible.
- EMDR para el reprocesamiento de recuerdos que siguen activos. Patricia y Paula se han formado en la Asociación Española de EMDR; Mercedes está especializada en EMDR e IFS.
- Terapia focalizada en la emoción y focusing para acceder a la vivencia corporal y emocional, no solo al relato.
- Trabajo con los esquemas de apego y su expresión en las relaciones actuales.
Si entendemos y aceptamos nuestros esquemas emocionales y cognitivos, será más sencillo gestionar nuestras relaciones adultas y dejar de repetir aquello que nos hace daño.




