Cuando alguien de la familia lo está pasando mal, el malestar rara vez se queda en una sola persona. Cambian los roles, las conversaciones y los equilibrios, y aparecen dinámicas que nadie eligió pero en las que todos participan. Trabajar con la familia permite entender esas dinámicas y modificarlas.
En qué situaciones ayuda
- Adolescentes con estrés emocional, aislamiento o conflictos escolares.
- Diagnósticos recientes o enfermedad de alguno de los miembros.
- Duelos y pérdidas que la familia no consigue elaborar.
- Separaciones y reorganización de la convivencia.
- Familias que quieren orientación para acompañar a alguien que todavía no quiere ir a terapia.
Cuando la persona no quiere ir a terapia
Es difícil convencer a alguien de que tiene que acudir a tratamiento, especialmente con niños y adolescentes: para que un proceso funcione, la persona afectada tiene que verle sentido. Aun así, hay cosas que sí se pueden hacer. Informar y explicar en qué consiste un proceso de terapia reduce mucho la angustia. Mostrar apoyo y comprensión y respetar sus tiempos, porque forzar suele ser contraproducente. No poner el foco en el síntoma —que a menudo genera rechazo y vergüenza— sino en el malestar que la persona está viviendo. Y considerar la terapia familiar o de pareja, que reparte el foco y hace que nadie se sienta señalado.
Andrea Pérez está especializada en psicoterapia emocional sistémica para adultos y familias, con experiencia en población infanto-juvenil.




