Saltar al contenido
Falta de deseo sexual en la pareja: por qué pasa y qué hacer

Falta de deseo sexual en la pareja: por qué pasa y qué hacer

10 min de lectura Equipo de Psicogabinete Retiro

Pocas parejas piden cita diciendo que vienen por el sexo. Vienen porque discuten mucho, porque se han distanciado o porque uno de los dos ha dicho que así no puede seguir. Y a la tercera o cuarta sesión aparece, casi siempre de lado: hace meses que no pasa nada, y cuando pasa, uno de los dos lo está haciendo por no tener la conversación otra vez.

Es una de las consultas más frecuentes en terapia de pareja y una de las que más tarda en llegar, porque da vergüenza y porque mucha gente da por hecho que es lo que toca después de tantos años. Ni una cosa ni la otra: se habla con la misma naturalidad que cualquier otro asunto de la convivencia, y en la mayoría de los casos se puede hacer algo.

Antes de nada: el deseo no funciona como creemos

La idea que casi todos tenemos del deseo viene del cine y de los primeros meses de una relación: aparece solo, de la nada, y empuja a buscar al otro. Eso existe, se llama deseo espontáneo, y es más frecuente al principio y en algunas personas más que en otras. Pero no es la única forma de desear.

Hay otra manera, que en la literatura se llama deseo responsivo, y es la mayoritaria en relaciones largas, sobre todo aunque no solo entre mujeres: las ganas no vienen antes, vienen después. Primero aparece un contexto agradable, un contacto sin prisa, algo que no exige nada, y a partir de ahí el cuerpo se enciende. Quien funciona así puede pasarse semanas sin notar ningún impulso y responder perfectamente cuando se da la situación.

Esto importa mucho porque cambia el diagnóstico que la pareja se hace a sí misma. Si los dos creen que el deseo verdadero es el que llega solo, el que no lo nota concluye que ya no quiere a su pareja, y el otro concluye que ya no le resulta atractivo. Las dos conclusiones suelen ser falsas, y las dos hacen daño.

Lo más habitual no es falta de deseo, es deseo distinto

En la mayoría de las parejas que atendemos no hay nadie sin deseo. Hay dos personas con ritmos distintos, y una diferencia que al principio se absorbía y que ahora se ha convertido en el eje del conflicto. A esto se le llama deseo discrepante, y es con diferencia el motivo más frecuente.

La trampa está en que cada uno vive esa diferencia como un déficit del otro. El que tiene más ganas se siente rechazado y acaba preguntándose qué le pasa a su pareja. El que tiene menos se siente defectuoso y vive cada acercamiento como una factura pendiente. Nadie está midiendo nada contra una tabla: lo que duele es la comparación entre los dos.

No existe una frecuencia correcta. No hay un número de veces al mes que indique que una pareja está bien. Lo que indica que una pareja está bien es que los dos estén razonablemente conformes con lo que hay y que el tema no se haya convertido en una herida abierta.

Las causas que más vemos

El cansancio, que casi nunca es solo cansancio

Criaturas pequeñas, jornadas largas, turnos, una casa que se gestiona sola en la cabeza de uno de los dos. El deseo necesita un mínimo de espacio mental, y la carga mental de sostener la logística familiar ocupa justo ese espacio. Muchas personas no es que no quieran: es que a las once de la noche lo único que su cuerpo pide es que nadie le toque y dormir siete horas seguidas.

Por eso en consulta el reparto de tareas acaba siendo tema sexual, aunque suene prosaico. Cuando uno de los dos llega a la cama después de haber dejado la cocina recogida, la mochila preparada y la cita del pediatra pedida, y el otro llega después de haber visto una serie, no están llegando en el mismo estado. Eso se nota.

El conflicto que no se ha resuelto

El deseo no sobrevive bien al resentimiento. Cuando hay una discusión de fondo que lleva meses sin cerrarse, un agravio antiguo que nunca se reparó o una sensación sostenida de no ser prioridad, el cuerpo se retira antes que las palabras. Mucha gente descubre, cuando empieza a hablar, que no es que no le apetezca el sexo: es que no le apetece la intimidad con alguien con quien está enfadada.

En estos casos trabajar directamente sobre el sexo no lleva a ninguna parte. Hay que ir a lo que está debajo, y lo de arriba suele moverse solo.

Los conflictos de pareja más frecuentes, y cómo se abordan en terapia, los repasamos aparte. Ver los conflictos más comunes

El cuerpo: hormonas, fármacos y dolor

Hay una parte que no es psicológica y conviene descartarla pronto. El posparto y la lactancia bajan el deseo de forma fisiológica y transitoria. La perimenopausia y la menopausia cambian la lubricación y pueden hacer que la penetración duela, y el dolor apaga el deseo muy deprisa. Algunos anticonceptivos hormonales lo reducen. Los antidepresivos de tipo ISRS, que mucha gente toma sin que nadie le haya avisado de esto, afectan al deseo y al orgasmo en una proporción importante de casos.

También hay cuadros médicos que se manifiestan así: hipotiroidismo, anemia, diabetes, apnea del sueño, niveles bajos de testosterona, problemas de suelo pélvico, endometriosis, vaginismo, dolor en las relaciones por causas ginecológicas. Si el cambio ha sido brusco, si hay dolor o si coincide con un fármaco nuevo, el primer paso no es la terapia: es el médico de cabecera o la matrona.

Nada de esto excluye lo demás. Es muy frecuente que empiece por una causa física y que, meses después, el problema que queda sea el círculo que se ha montado alrededor.

La historia de cada uno

Hay personas que llegan a la vida adulta con una relación difícil con su propio cuerpo, con una educación que asoció el sexo a la culpa o con experiencias previas que dejaron huella. Esto no sale en la primera sesión y rara vez se cuenta de golpe, pero explica muchos bloqueos que la pareja vive como desinterés.

Cuando lo que estorba es la relación con el propio cuerpo, el trabajo empieza por ahí. Leer sobre imagen corporal

El círculo que lo mantiene

Casi todas las parejas que llegan a consulta por esto están metidas en la misma secuencia, con pocas variaciones. Conviene reconocerla porque, una vez montada, se sostiene sola aunque la causa original haya desaparecido:

  • Uno de los dos propone y el otro declina, con un motivo razonable: cansancio, sueño, mal día.
  • La siguiente vez, el que propone lo hace con más tensión, porque ya lleva varios noes encima.
  • El que declina lo nota, y lo que antes era un no tranquilo se vuelve un no con culpa.
  • Para evitar la culpa, empieza a esquivar antes: se acuesta más tarde, pone una serie, no se queda a solas.
  • El que propone lee esa evitación como rechazo y deja de proponer, o lo saca en medio de una discusión.
  • Cualquier gesto de cariño se vuelve sospechoso: un abrazo ya no es un abrazo, es una petición encubierta.
  • Al final no hay sexo y tampoco hay contacto, que es lo que de verdad acaba hundiendo a la pareja.

El último punto es el importante. Cuando el cariño físico queda contaminado porque siempre significa algo más, la pareja pierde la vía por la que se repara todo lo demás. Muchas veces el primer objetivo de la terapia es recuperar eso, no el sexo.

Lo que no suele funcionar

  • Forzarse por no discutir. Mantener relaciones sin ganas para evitar el conflicto enseña al cuerpo que ese terreno es desagradable, y a medio plazo baja todavía más el deseo.
  • La escapada romántica como solución. Un fin de semana fuera puede abrir una puerta, pero si se va con la expectativa de que allí tiene que pasar algo, se convierte en un examen con hotel pagado.
  • Buscar al culpable. La conversación de quién tiene el problema no la gana nadie, y cada ronda deja más resentimiento.
  • Los consejos de aumentar la frecuencia sin más. Ponerse una cuota semanal sin tocar lo que hay debajo suele durar tres semanas.
  • Esperar a que vuelva solo. A veces vuelve, pero cuando lleva más de un año instalado y ya hay enfado, la espera lo único que hace es sumar capas.

Qué se hace en terapia

Lo primero es separar las tres piezas: qué parte es cuerpo, qué parte es contexto de vida y qué parte es relación. Eso ya alivia bastante, porque la mayoría de las parejas llega convencida de que todo es una sola cosa y de que esa cosa es grave.

Después se suele retirar la presión de forma explícita. Hay ejercicios clásicos, que vienen del trabajo de Masters y Johnson, en los que durante unas semanas la pareja se reencuentra físicamente con una condición: no hay coito. Suena contradictorio y es justo lo que desactiva el círculo de arriba, porque permite tocarse sin que cada caricia sea una pregunta.

En paralelo se trabaja la conversación, que suele estar rota. Pasar de «nunca quieres» a «me siento solo y no sé cómo acercarme sin que te pongas tensa» cambia por completo lo que el otro puede responder. Y se revisa lo prosaico: a qué hora, con qué margen, con qué reparto de la casa, con qué intimidad real en una vivienda con niños y paredes finas.

Cuando hay una causa médica se deriva, y cuando hay historia personal de peso se trabaja también de forma individual. No es raro combinar sesiones de pareja con algunas individuales durante una temporada.

Así trabajamos con parejas en el centro: qué pasa en la primera sesión y cómo se organiza el proceso. Ver terapia de pareja

Preguntas que nos hacen

¿Es normal a nuestra edad?

El deseo cambia con los años, con la salud y con el momento vital, y es normal que no se parezca al de los veinticinco. Lo que no es inevitable es que desaparezca del todo ni que el tema se convierta en una guerra. La edad explica un descenso; no explica dos años sin tocarse.

¿Hay que hacerlo aunque no apetezca?

Obligarse no. Darse la oportunidad, a veces sí. Para quien funciona con deseo responsivo, esperar a tener ganas antes de empezar es esperar a algo que no va a llegar; lo que funciona es permitirse un acercamiento sin compromiso, con libertad real para parar en cualquier punto. La diferencia entre las dos cosas es que en la segunda el no sigue siendo posible.

¿Y si mi pareja no quiere venir?

Se puede empezar en solitario y se avanza más de lo que parece. Cuando una de las dos partes cambia su forma de plantear el tema, la dinámica se mueve, y es bastante común que quien se negaba acabe viniendo unas sesiones más tarde.

¿Significa que ya no le quiero?

En la mayoría de los casos, no. El deseo y el afecto no van siempre de la mano: hay parejas que se quieren mucho y llevan un año sin encontrarse, y hay personas que desean a quien no les conviene nada. Que el deseo haya bajado dice algo sobre el contexto y sobre la relación, no sobre el amor.

¿Cuánto tarda en notarse algo?

Lo primero que suele moverse es la tensión, y eso se nota en pocas semanas: se deja de evitar, vuelve el contacto físico cotidiano. La parte sexual va después y depende mucho de lo que haya debajo. Un bloqueo reciente puede resolverse en pocos meses; uno de diez años con resentimiento acumulado lleva más.

Lo que rompe una pareja casi nunca es la falta de sexo. Es el silencio que se instala alrededor.

Si lleváis tiempo dando vueltas a esto sin poder hablarlo, escribidnos. Es un tema que se trata con normalidad y con discreción.

Pedir cita
644 90 72 50 Pedir cita WhatsApp

Sin compromiso

Pide tu cita

Déjanos tus datos y te respondemos en un máximo de 24 a 48 horas laborables. Si lo prefieres, llámanos al 644 90 72 50.

Necesitamos al menos uno de los dos, teléfono o email, para poder responderte.

Este formulario no es un canal de urgencias. Si estás en una situación de riesgo, llama al 024 o al 112.